Camino de la Fé
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Iglesia Católica

Rezar el rosario: aprende a rezarlo fácilmente

Rezar o terço

Más que una práctica religiosa, rezar el rosario se convirtió en un símbolo de devoción y fe entre los católicos. El acto de rezar usando como guía una sarta de cuentas surgió a mediados del año 800. En esa época, los laicos que no sabían leer para seguir los salmos e visitaban los monasterios y conventos, se acostumbraron a rezar 150 avemarías.

Sin embargo, la devoción al rosario solo se expandió entre los católicos en 1214, tras la aparición de la Virgen María a Santo Domingo de Guzmán.

Ante los pecados de la humanidad, Santo Domingo decidió exiliarse en medio de un bosque por tres días y tres noches. Durante este tiempo, él estuvo en comunión haciendo penitencias y rezando para que Jesucristo tuviera piedad de los hombres.

Cuando el cuerpo ya no aguantaba más tanta devoción, Santo Domingo se desmayó y recibió la visita de la Virgen María, que venía acompañada por tres ángeles. Cuenta la historia que, durante la aparición, María citó la Santísima Trinidad y pidió que se rezaran 150 avemarías.

También durante la aparición, la Virgen explicó que la manera de rezar debería ser usando las meditaciones de la vida, pasión y gloria, consideradas bases para la oración.

El rosario en sí

El rosario es una sarta de cuentas de varios tamaños que está unida en sus dos extremos a una Cruz. Esta Cruz representa el punto donde se empieza a rezar y, a lo largo del rosario, las cuentas más grandes representan el padrenuestro y las más pequeñas el avemaría.

¿Qué es rezar el rosario?

Rezar el rosario es una práctica común entre los católicos romanos que se realiza en grupo o individualmente. Este ejercicio consiste en una serie de oraciones que se realizan usando el rosario.

Formando una corona, las 150 cuentas del rosario están divididas en tres partes iguales, que representan los misterios de la Iglesia Católica. Estos son: los misterios gloriosos, los misterios gozosos y los misterios dolorosos. En 2002, durante su pontificado, el papa Juan Pablo II le recomendó a los cristianos que también rezaran los misterios luminosos.

El nombre rosario, o Santo Rosario, tiene su origen en el rosario de la Virgen María, que significa corona de rosas. Para los devotos, cada avemaría corresponde a una rosa, y finalizar un rosario significa que se recibe una corona de rosas.

¿Cómo rezar el rosario?

 
 

Las oraciones del rosario siguen el orden de las cuentas. Como si fueran etapas, el fiel avanza de una en una hasta llegar al final de la corona.

Antes de empezar a rezar, se puede optar por seguir el Rosario de la Virgen María, que consiste en 150 avemarías, representando la vida, muerte y gloria de Jesucristo y María. En este caso hay que seguir el orden de los misterios gozosos, dolorosos y gloriosos.

Otra opción es rezar el rosario diario y, para ello, hay que saber cuál es el día específico para cada misterio. Al elegir esta opción, se lee el misterio en voz alta antes de empezar a rezar el rosario.

Entiende cómo se reza

Para rezar el rosario hay que empezar en el crucifijo que está colgando en la punta de la sarta de cuentas. Con la mano derecha, se debe hacer la señal de la cruz y realizar el Acto de Contrición. A continuación, se reza un padrenuestro, tres avemarías y un gloria hasta llegar a la cuenta grande que representa el comienzo de los misterios y donde se vuelve a rezar un padrenuestro. Las cuentas pequeñas representan los avemarías.

Los fieles deben comenzar la sarta de cuentas por el lado izquierdo. Al finalizar cada decena, se reza un gloria y, de forma opcional, la jaculatoria. Por lo tanto, se sigue el orden: padrenuestro, avemaría y gloria hasta volver a empezar la etapa. Al final del rosario, ya en el lado derecho, el fiel puede rezar la salve, que no es obligatorio en el rosario.

Ve, a continuación, el contenido de cada oración paso a paso:

Etapa 1 – Señal de la Cruz

Usar el pulgar de la mano derecha para hacer la señal de la Santa Cruz en la frente, labios y pecho. Se reza: Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Etapa 2 – Acto de Contrición

Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Vos quien sois, Bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno. Ayudado de vuestra divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Amén.

Etapa 3 – Padrenuestro

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Etapa 4 – Se rezan 3 avemarías

Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Etapa 5 – Se reza un gloria

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

Etapa 6 – Se enuncia el primer misterio

Etapa 7 – Padrenuestro

Se reza en todas las cuentas grandes:

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Etapa 8 – Avemaría

Se reza 10 veces en las cuentas más pequeñas:

Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Etapa 9 – Gloria

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

Etapa 10 – Jaculatoria (opcional)

Oh Jesús, perdónanos nuestros pecados, sálvanos del fuego del infierno y guía todas las almas al Cielo, especialmente aquellas que necesitan más de tu misericordia.

Etapa 11

Se enuncia el siguiente misterio y se repiten las etapas a partir de la 7 hasta el final del rosario.

Etapa 12 – Salve

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. A Ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a Ti suspiramos, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce siempre Virgen María!

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

Oración. Omnipotente y sempiterno Dios, que con la cooperación del Espíritu Santo, preparaste el cuerpo y el alma de la gloriosa Virgen y Madre María para que fuese merecedora de ser digna morada de tu Hijo; concédenos que, pues celebramos con alegría su conmemoración, por su piadosa intercesión seamos liberados de los males presentes y de la muerte eterna. Por el mismo Cristo nuestro Señor. Amén.

Misterios del rosario

Misterios gozosos (lunes y sábados)

1º misterio: Anuncio del ángel y encarnación del hijo de Dios;
2º misterio: Visita de Nuestra Señora a su prima Santa Isabel;
3º misterio: Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo en Belén;
4º misterio: Presentación del Niño Jesús en el templo y la purificación de Nuestra Señora;
5º misterio: Pérdida del Niño Jesús en el templo.

Misterios dolorosos (martes y viernes)

1º misterio: Oración y agonía de Nuestro Señor en el huerto;
2º misterio: La flagelación de Nuestro Señor Jesucristo;
3º misterio: La coronación de espinas de Nuestro Señor Jesucristo;
4º misterio: El camino del Monte Calvario con la cruz;
5º misterio: Crucifixión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo.

Misterios gloriosos (jueves)

1º misterio: La gloriosa resurrección de Nuestro Señor Jesucristo;
2º misterio: La ascención del Señor;
3º misterio: La venida del Espíritu Santo ante Nuestra Señora y los apóstoles;
4º misterio: La asunción de Nuestra Señora a los cielos;
5º misterio: La coronación de Nuestra Señora como Reina y Señora de todo lo creado.

Misterios luminosos (opcional los jueves)

1º misterio: El bautismo de Jesús en el Río Jordán
2º misterio: Primer milagro de Jesús en las bodas de Caná;
3º misterio: Anuncio del Reino de Dios invitando a la conversión;
4º misterio: La transfiguración de Jesús en el Monte Tabor;
5º misterio: La institución de la Eucaristía.

¿Dónde rezar el rosario?

No hay un lugar específico que la Iglesia haya determinado para rezar el rosario. Sin embargo, es común ver a los fieles reunidos en la iglesia, en sus casas o en lugares donde se realizan eventos religiosos para rezar el rosario.

También existen retiros y casas parroquiales que organizan novenas y encuentros en los que hay momentos de oración.

Independientemente del lugar donde se decida rezar el rosario, lo importante es la comunión y que el pensamiento esté enfocado en los misterios de la iglesia.

¿Por qué rezar el rosario?
Por que rezar o terço

El rosario es la segunda oración más popular de la Iglesia Católica, después del padrenuestro. Durante mucho tiempo, la Iglesia intensificó la oración del rosario en momentos de lucha. Santo Domingo lo consideraba un arma espiritual y los papas llamaban a María “vencedora de las herejías”.

El rosario es el arma espiritual de la Iglesia que “ahuyenta a los demonios”. En 1569, San Pío V consagró oficialmente el rosario y, a la acción de rezarlo, le atribuyó la destrucción de la herejía y la conversión de muchos pecadores.

El papa Benedicto XVI, antecesor de Francisco, dijo en 2010 que “la oración del rosario nos permite fijar la mirada en el corazón de Jesús, como su madre, modelo insuperable de la contemplación del hijo”.

Según Benedicto XVI, “Al meditar los misterios gozosos, luminosos, dolorosos y gloriosos a lo largo de los avemarías, contemplamos todo el misterio de Jesús, desde la encarnación hasta la Cruz y a la gloria de la resurrección; contemplamos la participación íntima de María en este misterio y nuestra vida en Cristo hoy, que también está hecha de momentos de alegría y dolor, de sombras y de luz, de preocupación y de esperanza”.